Hacerse malo (2)

Si has llegado hasta este punto, querido amigo (o amiga, escribo en genérico), supongo que te está gustando el Manual, y que, o eres malo, o quieres serlo o serlo aun más.

En la entrega pasada hablamos de cómo se puede llegar a ser malo, si las competencias se adquieren durante la infancia y se cultivan a lo largo de la vida.

Hablemos ahora de la maldad que se adquiere durante la juventud o la madurez. Es una maldad auténtica y puede dar muchos frutos. Pero, claro, es necesario esforzarse mucho más y permanecer alerta para que nadie nos devuelva al buen camino.

Un joven o adulto puede llegar a la maldad pero siempre ayudado por otros, esos otros pueden ser personas malas (es lo mejor y más eficaz), personas buenas, libros, películas, situaciones…

Los apóstoles de la maldad son aquellos que salvan a creaturas buenas de vivir en ese claro y horripilante mundo de la bondad. Si por bondad de la vida topas con uno, no lo desperdicies, aprende, aprende y supéralo. Estos apóstoles pueden estar bien camuflados en forma de tíos, primos, vecinos, profesores, curas o monjas, imanes, policías, políticos, jefes… en fin, un sinnúmero de disfraces (todos con cierto toque de bondad) que los hace pasar desapercibidos y, sobre todo, que inspiran confianza. Suelen educar pegando, regañando, humillando, descalificando, atemorizando, dividiendo, discriminando, o directamente a través de verdaderas cátedras que invitan a la maldad. Suelen decir, por ejemplo, “estamos en un mundo de ganadores y perdedores, tú exiges de qué lado estar”, o “la verdadera fe es esa o esta otra”, o “lo que me has hecho no es una pregunta sino una declaración de guerra”, o “si le pegas a esa te invito a…”, o “si no te gusta lo que haces, ya sabes que la puerta está abierta y que detrás de ti hay una cola de gente que trabajaría por la mitad de lo que tú cobras”… (te invito, querido lector, a que me ayudes con más frases para este catálogo).

Algunas veces, sin quererlo, un bueno puede resultar un excelente apóstol. Esos buenos que no cesan de dar consejos, de darse golpes de pecho, de criticar a los demás, de decirnos lo que tenemos que hacer, de hablar de lo maravillosos que son, de lamentarse de lo que ocurre en el mundo que –desde su punto de vista- es muy malo… etc., acaba por hastiar al oyente (normalmente un joven o un adulto algo débil), hasta que lo lleva a la maldad. Aprovecho esta ocasión para agradecer a los buenos que con sus retahílas y contradicciones han llevado a muchos por el camino de la maldad.

Pero no te preocupes, cuando no hay apóstoles o estos no pueden entrar en casa de un prospecto, siempre se puede hacer una excelente labor a través de libros, revistas, películas, juegos, Internet o situaciones, normalmente dolorosas que permiten ver que la bondad no tiene sentido.

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Comments
2 Responses to “Hacerse malo (2)”
  1. Sonipress dice:

    Lo malo malo es que la maldad suele estar unida a la determinación y no al revés, no sé si me explico, vamos.

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